lunes, 25 de febrero de 2013

Conclusiones sobre el aprendizaje cooperativo


A parte de lo ya dicho al hablar de las exposiciones, estas serían las ideas más importantes de todo lo trabajado para esta actividad:
  • El aprendizaje cooperativo no surge de manera espontánea en ningún grupo, o si lo hace, tarda mucho y sólo cuando existe una confianza mutua y una relación personal entre los miembros. Como profesores, no podemos dejar nada al azar, desde el diseño de las tareas o la configuración de los equipos base al reparto de tareas por roles o la evaluación, todo tiene que estar pensado y decidido. Cuanto más pensemos y planifiquemos, más posibilidades hay de que se dé un auténtico aprendizaje cooperativo. La forma de exponer los trabajos en clase creo que tiene algunas características que nos ayudan a darnos cuenta de esto:
    • La guía de trabajo ayuda a plantear un reparto de roles y tareas, una temporalización, unos puntos para la evaluación, que ayudan a generar aprendizaje cooperativo real.
    • Las exposiciones no se preparaban repartiendo las diapositivas (“esto para ti, esto para mí”), porque no se sabía de antemano qué parte iba a explicar cada uno. Eso, al contrario de lo que se pudiera creer, no generaba más tensión (“me tengo que saber todo”) sino más tranquilidad porque todos los miembros del grupo tenían una visión global del trabajo. Y si en un momento alguien no sabía algo o “se perdía”, el grupo podía ayudarlo.
    • Los grupos tenemos criterios claros para evaluar las exposiciones de los demás grupos, no queda en me gusta/no me gusta.
    • Se insistía en clase en que las correcciones no eran errores de un grupo concreto, sino ideas que debíamos revisar o aclarar todos los alumnos. Además estos errores no eran “castigados” con las calificaciones, sino objetivos a conseguir más adelante. Lo importante es el proceso y no el resultado.
    • Se ha dado prioridad a lo práctico, a las actividades pensadas por cada equipo y a cómo estaban planteadas, y menos a la teoría en abstracto.
  • Es necesario que explicitemos a los alumnos nuestros objetivos. Si para nosotros es importante el trabajo cooperativo no sólo por lo que aprendan de contenidos conceptuales sino por otro tipo de contenidos, tenemos que explicárselo a ellos, nuestros propósitos, a qué le damos importancia y por qué.
  • Tenemos que buscar la manera de dar a los alumnos una atención lo más individualizada posible para garantizar el éxito. Para ello es necesario conocerlos, sus puntos fuertes y sus limitaciones, y agruparlos según sus características personales, no sólo en lo académico, sino también en sus habilidades sociales o sus caracteres. Incluso los objetivos académicos debemos acercarlos a sus intereses y motivaciones.
  • Partir de la práctica para volver a ella. Romper la idea de que es necesario empezar siempre con la explicación del profesor y al final, si hay tiempo, hacer una actividad más dinámica. Pensar actividades que desde el principio requieran la participación activa de los alumnos, y donde la teoría esté relacionada con la práctica. Las explicaciones son más efectivas si las relacionamos con algo que los alumnos ya han hecho o pensado en alguna actividad previa.
  • Es necesario que como profesores reflexionemos sobre lo que hacemos, para irlo mejorando. Sobre la marcha y en función del proceso podemos cambiar algo, o introducir nuevos elementos, ir corrigiendo lo que no funciona. También es importante romper las rutinas y preguntarnos por lo que hacemos, para tener claro el por qué, el para qué, y tratar de hacer consciente todo lo que a veces queda oculto (etiquetas asignadas a los alumnos, evaluaciones o calificaciones arbitrarias, actividades sin conexión con los contenidos, evaluación de objetivos que no habíamos planteado, contenidos que quedan sin evaluar…)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.